lunes, 7 de febrero de 2011

6. El primer día de clase de: Juanjo Jiménez

Afortunadamente, la gente se queda embarazada. Y en el final de la preñez, normalmente, las futuras madres se toman una baja. Alguien las sustituye y en marzo de 1992, en aquella vorágine preolímpica, inmerso en el CAP, un curso de cine, clases de dibujo técnico en una academia y pensando en irme por Europa durante el verano haciendo autostop, recibí la llamada de las autoridades educativas para dar clases en FP, en la bolsa de trabajo a la que nos habíamos apuntado los seis compañeros que entonces hacíamos todo a la par. ¿Figuración para programas de televisión? Nos apuntamos. ¿Un curso de holografía artística? De cabeza la media docena. ¿Trabajar para la administración desasnando adolescentes? Ahí estábamos nosotros.
Y aparecí allí, en Vicálvaro, entré a la zona de profesores con mi cabeza medio rapada, mi coleta, mis botas militares y todas mis buenas intenciones y la primera reprimenda me cayó por parte del bedel: “¡Por ahí no se puede pasar! Es sólo para profesores”. Y no era raro que se confundiera, porque tuve (ese curso y los dos siguientes) alumnos mayores que yo. Divino tesoro.
Ahí estaban los de motor, y las de jardín de infancia, y los de delineación. Resulta increíble que yo, que ya he olvidado los nombres de mis alumnos del curso pasado, todavía recuerde los patronímicos de algunos de aquellos infelices que cayeron en mis manos. Me lo pasé pipa, trabajamos muchísimo, vimos películas (como no), hice un par de actuaciones con mi amigo Tomás, contacté por primera vez con una profesión que nunca me había planteado como mi futuro y sin poder evitarlo, en los partidos de docentes contra estudiantes yo siempre iba con estos últimos. Al fin y al cabo, llevaba sólo semanas en el oficio y más de tres lustros en el pupitre así que resultaba difícil dejar de pensar como un alumno.
No recuerdo cómo fue mi primera clase pero sé que no tenía nervios ni miedo. Sólo ilusión y mucha alegría de saber que todo lo que había estudiado ahora me servía y podía contárselo a gente, que a lo mejor hasta me escuchaba.
Luego llegó la oposición y un curso completo. Y el aprobado y el Dolores Ibárruri. Y aquí estoy, casi dos décadas después, pensando en cómo el tiempo me ha plantado aquí y casi ni me he enterado.

Juanjo Jiménez (Profesor de Plástica)

La porra de los Goya

Como cada año, llegan los premios Goya y con ellos la ya tradicional porra que se organiza desde la biblioteca. La participación cuesta 1 € y el premio es la mitad de todo lo recaudado. La otra mitad, atendiendo a una lógica cartesiana, se destinará a la compra de películas para el instituto. Tenéis la semana del 7 al 11 de febrero para solicitar a Juanjo una papeleta y disfrutar en la noche del domingo, tachando aciertos y esperando ser los más atinados en las 28 nominaciones. ¿Será posible que este año algún profesor se haga con el premio? Lo sabremos el lunes 14.

jueves, 3 de febrero de 2011

Visita al IMAX

El día jueves 27 de enero, los alumnos de 1º y 2º de Bachillerato, junto a los profesores de inglés Mar Castillo y Rafael Illescas, fuimos de excursión al cine Imax Madrid.  
Salimos del instituto a las diez y cuarto de la mañana y llegamos aproximadamente sobre las once a nuestro destino. Mientras se acercaba la hora de nuestro pase,  alumnos y profesores nos reunimos delante de la puerta y comenzamos a hablar animadamente sobre varios temas. Hubo tiempo hasta para hacerse fotografías con los profesores. 
Cuando era la hora, fuimos entrando ordenadamente en la sala 3D (pues era la que nos correspondía primero), recogimos las gafas y nos fuimos acomodando en las butacas. La sala era muy espaciosa. Las filas de butacas iban aumentando gradualmente e iban realizando una curva por toda la sala. Por tanto, decimos que presenta la forma de un anfiteatro romano.  Lo más impactante de toda la sala (como se puede esperar) era la pantalla. Ocupaba toda la pared frontal y poseía unas dimensiones aproximadas de 600 m². 
La película que vimos en esta sala fue “Dolphins and Whales 3D” que traducido al español significa “Delfines y ballenas”. Era una especie de documental donde se nos hablaba sobre la vida que llevaban estos animales acuáticos y la diversificación de su especie. Trataban datos importantes como su alimentación, su hábitat, su comportamiento…Las especies más destacadas que aparecieron en la película fueron: Las orcas, las belugas, los manatíes, los delfines nariz de botella y el delfín común. En la película aparecieron cerca de once especies de estos maravillosos animales. Fue una película fascinante ya que pudimos conocer más sobre estos animales tan nobles.
Al finalizar la proyección, tuvimos que abandonar la sala por normas del cine y volver a esperar en el vestíbulo. Cuando llegó el momento volvimos a pasar dentro de la sala, pero esta vez había una diferencia: la pantalla. Ya no había una simple pantalla frontal, sino que se había transformado en una cúpula de aproximadamente 900 m². Este es el conocido sistema Omnimax, cuya principal característica es la total inmersión del espectador en la película. 
Esta vez, vimos un documental sobre el río Amazonas llamado como su propio nombre indica: Amazonas. Trataba sobre su naturaleza, sus habitantes (tanto en agua como en bosque), las tribus…Acompañados de la mano del doctor Mark Plotkin y el chamán Hamami en su búsqueda de plantas medicinales y otros recursos, descubrimos el asombroso Amazonas, el majestuoso Machu Picchu y los Andes. Las escenas del Amazonas fueron impresionantes. Parecía que el espectador era el verdadero protagonista.
 
En cuanto a la comprensión del lenguaje, costó un poco entender algunos conceptos debido a la ausencia de subtítulos, pero en general lo comprendimos bastante bien. Abandonamos el cine sobre la una y llegamos al instituto sobre la dos menos cuarto. En el trayecto, el profesor de inglés nos preguntó si la experiencia nos había gustado y que si valdría la pena llevar el año que viene a los alumnos que estuvieran en 1º de Bachillerato. Todos o casi todos, coincidimos en que sí, valía de verdad la pena. Al llegar al instituto, nos despedimos y cada alumno se marchó a su casa. Fue una mañana estupenda. Tuvimos dos grandes sesiones de cine acompañadas de buena compañía, una buena ración de risas y como no, un buen cubo de palomitas.       


Pilar Solís Ledesma, 1º Bachillerato A

miércoles, 2 de febrero de 2011

5. El primer día de clase de: Natalia Almena

Mi primer día como profesora en un instituto fue hace ya unos cuantos años en un centro de Móstoles, un viernes de septiembre. Llegué al departamento de orientación (jamás había entrada en ninguno, ya que cuando yo estudiaba no existían) y allí me presentaron a la otra orientadora y al resto de mis compañeros.
     Después de un ratito en el que me explicaron cuáles eran mis funciones, cómo era el centro, con qué tipo de alumnos iba a trabajar,…mi compañera se dio cuenta de que en la siguiente hora me tocaba dar clase. Así que decidió que directamente me fuera para allá (tenía que dar una optativa que se llamaba Transición a la Vida Adulta y Activa)
     Mi cara de susto debió ser impresionante porque un compañero de diver (al que siempre recordaré con gran cariño), sugirió que era mejor dejarlo para el lunes. Gracias a él, me dio tiempo a prepararme la asignatura durante el fin de semana y a ir tranquila a mi primera clase. El lunes salió todo fenomenal con un estupendo grupo de diversificación.

Natalia Almena Bule, Orientadora

4. El primer día de clase de: Yolanda Barreno

La primera vez que me decidí a ponerme delante de una clase, allá por el año 2002, fue en una Escuela Popular que hay en mi barrio, a la que llegué un poco por casualidad.
Para los que no sepáis lo que es eso, os contaré que este tipo de escuelas hacen una labor social muy importante, impartiendo clases de alfabetización de adultos, cultura general, español para inmigrantes, y muchas otras cosas que están a cargo de profesores y monitores que trabajan voluntariamente (sí, sí, habéis leído bien: estuve cuatro añitos trabajando gratis y muy contenta de hacerlo).
Y aquella primera tarde, allí estaba yo, frente a un grupo bastante numeroso de abuelitas que me miraban, unas compasivas, otras sonriendo, otras impasibles, pero todas pensando: “a ver qué tal la nueva”.
Me habían soltado en aquella clase sin darme tiempo a prepararme nada, sola ante el peligro, y aquel día tocaba explicar… ¡Matemáticas!! ¡Horror! ¿Cuánto tiempo hacía que no repasaba las mates? ¿Desde que dejé el instituto? Afortunadamente, al abrir la carpeta, pude relajarme: “Uff, la unidad seguida de ceros, es fácil” –me dije. Y así empecé, explicando matemáticas a aquel grupo de señoras encantadoras con las que pasé cuatro años de mi vida y que me hicieron pasar momentos muy gratos. Creo que mi vocación docente nació en aquella Escuela, a la que le debo buena parte de lo que soy hoy en día.
Y dos años más tarde, decidí “dar el salto” y empecé a trabajar como profesora de Secundaria. Mi primer destino fue un instituto de Galapagar, y mi primera clase, no se me olvidará en la vida, fue un 2º A horroroso que formaban sólo quince alumnos… aunque cada uno de ellos valiera por diez.
Lo primero que vi al abrir aquella puerta fue un espectáculo dantesco: sillas volcadas, alumnos corriendo por la clase, gritando, uno quemando papeles, dos pegándose, otro intentando saltar por la ventana, una niña subida encima de una mesa dando gritos y tirándose de las trenzas… Creí morir. ¿Qué hacer en esa situación? Pues nada, buscar un hilo del que empezar a tirar y fijarme objetivos pequeñitos que ir superando día a día. El primero fue conseguir que estuvieran sentados en sus sillas. El segundo, que estuvieran callados. El tercero, que aprendieran algo. Y lo conseguí. Con mucho esfuerzo, pero lo conseguí. Eso sí, tuve pesadillas con aquel grupo durante muchos muchos días. 

Yolanda Barreno, profesora de Lengua y Literatura

lunes, 31 de enero de 2011

3. El primer día de clase de: María José Arroyo


8h30, 20 de septiembre de 198…, treinta miradas escrutando cada centímetro de mi cuerpo y un mareo agridulce desde el último pelo de la cabeza hasta la punta del pie. ¿Qué decir? ¿Qué no decir? ¿Sentada? ¿De pie? ¿Seria? ¿Sonriente?.. Un catálogo de preguntas cuya respuesta debía consumarse en ese preciso instante. Triunfo del tuteo y de la cara de muchos amigos.
     Así recuerdo que todo empezó en Manacor (sí, el pueblo del envidiado guaperas Rafa Nadal fue mi primer destino como profesora), con unos alumnos, como hoy decimos, que me lo pusieron muy fácil. Su respeto y comprensión (se me notaba que era novata) consiguieron que aquella profesora joven, jovencísima, comenzara tranquila su aventura con un “Buenos días, me llamo María José y soy vuestra profesora de Lengua y Literatura”.
     Otros muchos días han sido el primero, pero las emociones que sentí –miedo, ilusión, peso de la responsabilidad, ¡socorro!, me quiero ir- nunca han sido tan plenas.
     ¿Qué ocurrirá el último? Queda pendiente.


María José Arroyo Hernández, profesora de Lengua y Literatura.

2. El primer día de clase de: Susana Castro

Llevo veintitrés años dedicada a la enseñanza, de modo que no me acuerdo
cómo fue mi primer día dando clase. Lo que sí recuerdo de mi primer día de
instituto es que una profesora de Filosofía me dijo que no podía estar en el
pasillo y me mandó entrar en el aula, pues se creyó que era una alumna de
COU (lo equivalente a 2º de Bachillerato). Del primer curso recuerdo un
grupo de 2º de BUP (lo equivalente a 4º de ESO) en el que había tres o
cuatro alumnos, bastante macarras, que me hacían la vida imposible en clase.
Yo acudía al Jefe de estudios para que me ayudara a poner orden, pero este
señor no se parecía en nada a nuestro querido Camacho: era muy alto,
corpulento, con barba y con una voz muy fuerte. Puedo asegurar que, en las
charlas que les echaba, me asustaba yo más que ellos. Por el contrario,
estaba encantada con un grupo de 1º de BUP del que era tutora y recuerdo a
un alumno pelirrojo y pecoso, Oscar Cubo, que bromeaba mucho conmigo, era muy simpático. No me acordaba de su nombre, pero me ha bastado un vistazo a los estadillos de notas de ese grupo. Y es que conservo los de junio y
septiembre de todos los grupos a los que he dado clase, desde 1989 hasta
ahora.
Susana Castro, profesora de Matemáticas